martes, 1 de mayo de 2012

Procesiones


(Debería hablarlo, ya no puedo seguir con esto. Odio mentir, odio tener que escapar buscando alguna excusa sin sentido para poder hacerlo. Tantas noches nos han separado que ya no puedo mirarte a los ojos de la manera que antes lo hacía; ya todo está perdido.
Ahora llego a mi hogar, nuestro hogar, y siento todo distinto, cambiado. Nosotros también cambiamos y fue nuestra culpa, descuidamos aquello que más apreciábamos, y sin saberlo ahora todo es diferente.
No puedo hablarte, siento que te he fallado).

-      Hola -.

(Entiendo porqué no puede hablarme, le fallé y ya no puede mirarme de la misma manera; él lo sabe todo, lo supo desde el principio.
Debería hacerle entender que no lo quise lastimar, que nada de esto lo pensé, pero tampoco lo pude evitar. Odio verlo sufrir por mi culpa, y sé que nunca me perdonará. Yo tampoco creo que pueda perdonarme a mí misma).

-      Hola, mi amor -.

domingo, 1 de abril de 2012

Instrucciones para sonreir


¡Enhorabuena! ¡Usted es el acreedor/ra de un producto avalado por los grandes expertos mundiales en la materia, científicamente testeado en los laboratorios técnicos cosmopolitas más prestigiosos y que está causando una revolución en la vida de quienes lo utilizan!.

Antes de empezar, pregúntese a si mismo, ¿Soy feliz? Si piensa que no lo es, podremos proceder, de lo contrario puede cerrar esta carta de presentación y disfrutar apaciblemente de su vida; nos anticipamos a que pudiese elegir esta opción y le preparamos un sobre rojo que se encuentra en el costado derecho de su caja de iniciación, donde encontrará el dinero que invirtió en esta compra, sugerencias de licores extravagantes, platos de autor y cómo combinarlos con música de fondo para seguir en su estado zen de constante desidia y bienestar.
¿Es usted infeliz? ¡Pues maravilloso! Continuemos entonces.
Es importante saber que cuando termine este procedimiento, tendrá las herramientas necesarias para poder estar bien consigo mismo, para hacer de su infortunio una satisfacción y de sus penurias un regocijo.
Por favor, abra el sobre gris que se adjunta en el costado izquierdo de su caja de iniciación. Por favor, rompa el sobre en la parte señalizada. Por favor, no vacíe aun su contenido.
Antes debe saber que allí dentro se encuentra el porqué de su adquisición y nuestro objetivo principal como empresa, que más allá de que poseemos fortunas incalculables, vivimos una vida de ensueños y tenemos todo lo que necesitamos, no olvidamos que nuestra meta es hacerlo conocer esa bella dentadura que, en teoría, usted debe tener.
Por favor, vacíe el contenido del sobre gris. Si se encuentra con un cuadrado negro, de dimensiones medianas y ligeramente pesado, délo vuelta, lo está sosteniendo por el lado opuesto.
¡Ahora si! Mírelo detenidamente, tómese el tiempo necesario, de ser unos meros minutos hasta su vida entera. No olvide de verlo e inspeccionarlo de vez en cuando; no necesariamente debe ser todos los días, pero su respuesta está ahí y en ningún otro lugar. Recuérdelo, es todo lo que necesita para sonreír.

(Nota: en el caso de que al vaciar el sobre gris usted encuentre que el espejo se encuentra roto, por favor háganoslo saber comunicándose a nuestro centro de atención al cliente en los horarios indicados en el dorso de la caja).

jueves, 1 de marzo de 2012

Las tradiciones ocultas


Desde tiempos de antaño, los mitos cumplen una parte fundamental de la historia; su utilización permitió por miles de años explicar de manera romántica aquellas complicadas tramas existenciales que la razón humana no podía comprender. De esta manera, hasta la más minima duda esotérica ha encontrado respuesta por medio de leyendas, cuentos y narraciones que han sido transmitidas de generación en generación.
Comúnmente al hablar de mitos es casi irremediable en el imaginario colectivo ligarlo con algún héroe o personaje heroico, que luego de atravesar una serie de eventos trágicos puede lograr su objetivo, experimentando la tan famosa catarsis.
Con el paso del tiempo, muchas historias que no contenían protagonistas heroicos ni enseñanzas positivas fueron perdiendo el atractivo y nunca llegaron a ser divulgadas, a veces, hasta por conveniencia social. Eran esas fabulas prohibidas que relataban aventuras sombrías, de personajes oscuros, y en escenarios hoscos con desenlaces desoladores las que se ocultaron para no provocar la desesperación de los oyentes, o en otros casos, de los lectores.
Quizás por eso es que pocos recuerden la trágica historia de los hermanos Benahone ocurrida en las cercanías del volcán Tiede donde moraba el temido demonio Aranfaybo, conocido por sus engaños, timos y estafas hacia el pueblo guanche en el siglo XV.

 
Erbane Benahone, el mayor de los hermanos, era conocido en la aldea como un gran guerrero, hábil con la espada y el caballo, elogiado por su fuerza bruta y su sed de gloria; durante años, fue el mayor estadista belicoso que conoció la región.
Achined Benahone, segundo en la estirpe familiar, destacaba entre la multitud por su ingenio en el manejo y la administración del pueblo. De gran inteligencia analítica y moral inquebrantable, su perspicacia lo había llevado a ser el jefe de los guanches a sus escasos 32 años. Por ultimo se encontraba Ezeró Benahone, el menor de los tres, que no brillaba por su fibra militar ni su sentido político; él era un simple artista, a veces deambulaba como pintor y otras como escritor, y era dueño silencioso de una sensibilidad especial sobre el mundo que lo rodeaba.
Los hermanos Benahone, a pesar de sus amplias diferencias de personalidad, eran muy unidos y siempre podían contar con el otro, aun en los momentos más difíciles.
Años después de que Erbane había combatido en las batallas más feroces, Achined había asegurado el bienestar de la población y Ezeró había pintado hermosos cuadros y escrito maravillosos sonetos, toda la aldea se acercó hacia los tres hermanos para celebrar sus logros en un multitudinario festejo. En él, surgió como era común en los agasajos la problemática más antigua del hombre promedio guanche: acabar de una vez por todas con el temido demonio Aranfaybo que se ocultaba en el volcán Tiede, lugar que según los historiadores era el oscuro pasaje al infierno.
Decididos y resueltos, los heroicos hermanos aceptaron audazmente el pedido de la aldea sin flaquear y luego de algunos días de preparación, emprendieron su camino hacia la morada del demonio.
Al llegar al pie del volcán, todo el cielo se oscurecía. La brisa calida del otoño se perdía entre fuertes estruendos del cielo y las luces enceguecedoras de los relámpagos. Como era de esperarse, Erbane persuadió a sus dos hermanos que él debía enfrentar a Aranfaybo solo, ya que sus dotes como guerrero no tendrían par frente a cualquier encanto o conjura que el demonio tuviese.
Ya dentro del volcán, Erbane cruzó un débil puente de madera entre erupciones de lava y se dirigió hacia el final de la cueva, gritando a viva voz el nombre de su enemigo:

- Sé que me buscas para aniquilarme, valiente guerrero, y no opondré resistencia alguna si esa es tu voluntad, pero debo advertirte que estoy obligado a conceder cualquier deseo a quien me perdone la vida-.

 
Erbane guardó su espada sigilosamente, y sobre sus ojos se posó la codicia, el hambre de gloria eterna y su búsqueda de grandeza. Casi desesperadamente vaciló a hablar entre gritos de euforia:

- ¡Deseo ser el guerrero más grande que este mundo haya conocido, quiero que todo el mundo civilizado sepa mi nombre y mis hazañas!-.

Aranfaybo sonrió macabramente, se acercó vorazmente y posó su mano sobre la frente de Erbane, consumiendo su cuerpo y alma.

- Has traído paz y estabilidad a tu pueblo. Has combatido valientemente y quien se ha cruzado con tu espada ha perecido. Pero tu sed de reconocimiento será tu perdición eterna, porque aquel que busca la satisfacción personal solo puede pensar en sí mismo y no en los demás.
No eres un héroe, tu fuerza no es más que física y solo posees habilidad para quitar vidas; por eso tendrás que vivir eternamente a mi lado como La Muerte. Es tu tarea hasta el fin de los tiempos quitar la vida a quien te lo ordene, sin vacilar, y condenar a las almas al eterno sufrimiento-.


El demonio quitó su mano de la frente de Erbane y desapareció entre las sombras, con un nuevo discípulo consumido entre las cerrazones del oscuro lugar.
En las afueras del volcán, Achined y Ezeró buscaban respuestas de porqué su hermano mayor todavía no había aparecido triunfante sobre los riscos con la noticia de que el demonio había sido vencido. Desconociendo razones y aun intuyendo lo que había sucedido, Achined optó por ir en busca de Erbane dejando solo a Ezeró, aconsejándolo que volviera a la aldea si no regresaba antes del amanecer.
Los primeros pasos en la cueva fueron cubiertos por una densa nube de humo, el volcán se sentía a punto de erupcionar a cada instante. Frente a Aranfaybo, Achined preguntó afablemente sobre el paradero de su hermano mayor.

- Erbane no ha podido contra sí mismo, contra sus ambiciones y pretensiones; ahora se encuentra a la par mía. Tú puedes unirnos o vengarlo, pero debo advertirte que si me perdonas la vida me veré obligado a concederte un deseo-.

Achined se detuvo a pensar unos instantes, a analizar con recelo la propuesta del demonio. Como era de esperarse, su fibra moral se vio enceguecida por su codicia y su anhelo de distinción.

- Te perdonaré la vida, cruel Aranfaybo, pero a cambio pido ser el monarca más magnánimo de estas tierras, que nadie se mida ante mi poder y ser recordado hasta el fin de los tiempos-.

- Eres grande, Achined, y tu entereza solo puede medirse frente a tu integridad. Las decisiones que has tomado para tu pueblo han traído prosperidad y seguridad, pero tu punto débil te castigará. No puedes ver más allá de tu propio reconocimiento, de tus aspiraciones personales y es por eso que tu avaricia será tu condena eterna. Me acompañaras en mi labor siendo el Cuidador del Inframundo, y velarás por todas aquellas almas que, como la tuya, no tienen reparo en el mundo humano-.

El demonio se acercó a Achined y, posando su mano sobre su rostro, consumió la luz que brillaba en sus ojos, castigándolo perpetuamente.
Todavía no asomaban los primeros rayos de sol cuando Ezeró dejó a un lado el consejo de su hermano y decidió entrar a la cueva.
Como buen hombre dotado de una intuición sensible sobre su entorno, el artista más grande del pueblo guanche sentía en su interior que se acercaba la conclusión de su destino, su camino en la vida, su epifanía personal, aun sin saber si se escribiría con tintas de gloria de abolengo.
Frente al cruel demonio, Ezeró habló sin titubeos con brutal honestidad:

-Aranfaybo, desconozco lo que has hecho con mis hermanos, aunque creo por mis sentimientos que no los volveré a ver. Siguiendo con lo más previsible, tendría que vengar su honor y el mío destruyéndote, para así volver victorioso entre cánticos ante mi pueblo y ser agasajado y reconocido. Sería recordado por los siglos de los siglos como el gran héroe de la región, aquel que finalmente pudo derrotarte; eso no me serviría de nada. Si perdono tu vida, tendrás que concederme un deseo, el amor incondicional de una mujer-.

El demonio quedó asombrado, estupefacto ante la mirada de Ezeró, notando en el poco brillo de sus ojos la desolación y la desesperación de un hombre que no tenía nada que perder.

- Existe alguien ha quien he amado en secreto y a viva voz desde que tengo memoria, y ella ha sido la razón de mis poemas y mis pinturas. 
He pasado mi vida escribiendo sobre el amor, sobre ella, y he retratado con todos los colores del arco iris su mirada, sus labios, su figura. A pesar de todo lo que he hecho, mi amor no es correspondido y quizás nunca lo sea.
La única manera que tienes de salvar tu vida es salvando la mía, te pido que esta mujer se enamore de mí ciegamente, y que para sus ojos y su corazón no exista otro hombre más que yo-.


-Ezeró, sus intenciones son buenas, pero debo pedirte que salgas de aquí. No existe truco alguno en esta tierra que sirva contigo. Tampoco puedo condenarte por tu deseo, por querer ser amado por aquella mujer que está en tu corazón, aquella por la cual pasas día y noche en frente de la eterna tristeza que no encuentra razones.
Tú ya estás condenado para siempre, y no hay nada que puedas hacer al respecto, porque el amor no se puede forzar; ella nunca te amará-.


Luego de este encuentro, Ezeró salió de la cueva y nunca más volvió a su aldea; nada más se supo de los hermanos Benahone. Algunos creyeron que el demonio había cobrado nuevamente inocentes vidas y, según su mitología tradicional, ya formaban parte del sol para aparecer por el firmamento a cada mañana por el este.
Nunca sabrán que Erbane y Achined fueron eternamente parte del infierno, y que Ezeró terminó muriendo en completa soledad, siendo un infierno en sí mismo.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Escribir


Toda persona que se ha encontrado frente a un papel con una lapicera en mano reconoce tarde o temprano que tiene motivos muy particulares para escribir. La manera, el estilo y sobre todo, el abordaje, dependerá obviamente de cada escritor que, sumido en una tarea orgánica de composición literaria, ordena sus pensamientos con elocuencia.
Así, empezamos la gran búsqueda de lo imposible, a desear lo improbable, a pretender lo inalcanzable, a querer sacarle las dos primeras letras a lo irreal. Imaginamos, sentimos y sobre todo, nos transportamos. Cada palabra brota del inconciente porque debe ser escrita, necesita esa motivación personal cuando se pretende compartir aquello que uno muchas veces guarda, con la intranquilidad de saber que difícilmente el momento se pueda olvidar.
En muchos casos, en vez de hablar, escribimos lo que nos pasa; contamos con agudo detalle aquello que por miedo callamos, o por hipotéticos prejuicios ocultamos. Revivimos el pasado en busca de respuestas, analizamos el presente para dilucidar que ocurre y miramos hacia el futuro pensando que es lo que podría suceder.
Más allá de ser quizás los instantes más introspectivos y personales, el escritor que se precia como tal llega a la encrucijada inevitable de mostrar aquello que ha hecho. Esto parte de la mera necesidad de compartir, tanto una alegría como una tristeza, un pensamiento como una reflexión. El miedo invade y se cuestiona hasta qué punto uno quiere que el resto conozca lo que se ha vivido y ha sido inmortalizado en palabras, aunque como toda expresión de arte, la vanidad existe en silencio y se espera por lo menos un mínimo reconocimiento por la faena.
Llegado a este momento de exteriorización, si bien muchos comienzan a leer y encuentran en los textos frases de su agrado, pasajes que se sienten identificados y situaciones que encuentran similitudes con sus experiencias, la verdad es que solo una persona va a comprender la totalidad del significado presentado.
Esa persona es la inspiración oculta por la cual uno empieza a escribir, a delinear una historia, sin importar que sea producto de la ficción o basada en hechos reales, por la necia necesidad implicada en el artista en que alguien particular lea nuestro mensaje y esa obra cumpla el justo objetivo de realización personal.
Si eres esa persona que está en nuestra mente, y logras darte cuenta, quizás no habría más razones en el mundo para seguir escribiendo.


lunes, 2 de enero de 2012

El tono de la alegría


Sentado en su habitación, Juan no podía entender en qué había fallado. Semanas de práctica y horas de estudio minucioso no pudieron combatir los nervios que sintió la noche anterior con el violín en la mano, solo en el escenario, interpretando aquella complicada pieza de música clásica.
“Solo me faltó una nota”, pensaba, “pero es la más importante; es la que da el cierre perfecto”. Su tristeza era tan fuerte y desconsolada como las lagrimas que caían sobre su preciado instrumento.
De repente, su mente comenzó a divagar, tratando de olvidar aquella situación que tanta angustia le provocaba, y recordó cuando su padre, con una sonrisa en el rostro, le regaló el violín que él tanto ansiaba tener.
Había ahorrado mucho tiempo para poder comprárselo, y cuando juntó lo ultimo que restaba, fue corriendo hasta la tienda de música, donde el tan preciado instrumento descansaba sobre la vidriera.
“Esto es para vos, hijo, y que nunca se te olvide lo mucho que te quiero”.
También recordó que su padre, tan emocionado como él por el regalo, le contó la historia de porqué se llamaba Juan. “Es por Johann Sebastian Bach, un músico extraordinario”.
Justo en ese momento, resonó dentro de Juan la nota que había opacado su interpretación; la ultima de la escala musical, tan simple para recordarla como compleja para olvidarla: si.
A la semana siguiente, un nuevo concierto lo tuvo solo en el escenario con su fiel compañero a cuestas. Interpretó nuevamente una de las piezas más difíciles de su ídolo de antaño, “El arte de la Fuga”.
Pasados los veinte minutos, el teatro explotó en una ovación de pie; los aplausos siguieron aún cuando Juan ya se había retirado.
Ya en su camarín, su padre lo abrazó conmovido, felicitándolo por su gran talento y vocación.

-    ¿Pudiste recordar esa nota que habías olvidado? –
-    Si, gracias a vos -